China es el temido gigante asiático y, entre otras cosas, un enorme mercado y la llave para acuerdos comerciales millonarios que las empresas norteamericanas y europeas ansían explotar. Raro sería el representante político que enturbie un horizonte así. La diplomacia enseña otra cosa.
Pero antes de que llegue el 8 de agosto y las preocupaciones se diluyan en el ranking de medallas, propongo fijarnos en aquellos que financian los JJ.OO. de Beijing´08. Agentes de los que muy poco se habla y que, más o menos en silencio, mantienen su decisión de no retirarse a pesar de algunas protestas.

Multinacionales como Johnson&Jonson o Volkswagen… que tienen importantes negocios que abrir o mantener allí. China es el cuarto mercado más importante para Coca-Cola, y el plan de expansión de McDonalds prevé abrir allí más de 100 establecimientos cada año. Para Adidas, que produce allí la mitad de sus zapatillas, supone una facturación de casi 1.000 millones de euros.
Mientras que los activistas piden a gritos que las multinacionales utilicen su influencia, algunas empresas alegan que la situación política de Tibet y los problemas internos en China no son cosa suya, y que no les corresponde a ellos intervenir. Adoptar criterios corporativos definitivos en la defensa de los derechos humanos no resulta rentable. Quizás no todavía.

Neville Isdell, presidente de Coca-Cola, comentaba en una reciente entrevista que “Las manifestaciones son legítimas, pero pierden su legitimidad cuando son violentas”. Cierto, pero quizás la violencia china, en toda sus formas, le resulta tan legítima como para no retirarle sus inversiones.
Ah, por cierto, un pasito más, ¿de quién es, en definitiva, el dinero que aportan los patrocinadores de Pekín 2008?
Desde luego, intentaré que no sea el mío.
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Viñeta: Beau Bo D'Or
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